Estos días he pensado mucho y de tanto pensar me enrollo, me torturo, me apeno.
De todo lo que he pensado, llegó la peor situación que se podría presentar en mi relación: que se acabe.
Tal vez cualquiera pensaría que siempre se puede recomponer el corazón después de eso, yo lo pensaba, nunca me ha costado mucho superar rupturas, un mes o un mes y medio de tristeza. Es que mis relaciones anteriores han sido distintas.
Cuando llegó este pensamiento, me dolió el pecho, me ardieron los ojos (si, por enésima vez lloré) y la angustia se apoderó de mi. Me pregunté por qué, me respondí que es la primera relación en la que destruyo todos mis muros, me muestro tal cual soy y me esfuerzo en ser la mejor versión de mi misma, porque ambos nos lo merecemos, porque nuestro amor lo vale.
Cuando comenzamos esta relación, a mis 25 años, me propuse una meta: amar a una persona sin enamorarme de la imagen que tengo de ella. Me explico: Cuando se es adolescente adoramos a una persona desde lejos, conocemos el ideal de como se muestra frente a los demás y llegamos a ilusionarnos, incluso enamorarnos, de la imagen que formamos en nuestra cabeza de esa persona. Pero en algún momento llegas a relacionarte y resulta que quizás no era tan simpático, o descubres que es muy celoso y controlador. Cuando se derrumba ese ideal te sientes traicionada.
En mi camino a la madurez, tuve mucho amores de ese tipo, pero esta vez quería hacerlo bien, sin ilusiones ni ideales, sin expectativas altas más que el esperar que me quisiera tal cual soy. Y lo logré, dejé de ilusionarme y lo he amado tal cual es, hemos planificado proyectos juntos, discutimos y analizamos lo que nos apasiona, hemos hablado de formar familia y de lo mucho que nos gusta estar juntos.
¿Y si se acaba? ¿Cómo podré volver a querer a otra persona de la manera en que lo quiero a él ahora? Imagino un proceso muy largo, de mucha tristeza y e reconstrucción. Me fui entregando de tal manera que nunca pensé que se podía acabar, si hubiera imaginado ese escenario de seguro no me entregaba... pero ¿no se trata de eso el amor? ¿de entregarle a la otra persona todas las armas para destruirte, esperando que no lo haga?