lunes, 2 de junio de 2025

Dos noches

Es la segunda noche desde que me fui. El día se hizo eterno mientras evitaba llorar. A las 19:03 cayeron mis primeras lágrimas.

Durante el día venía a mi mente el momento en que tendría que poner dirección a otra casa y no a mi hogar; sentía una presión en mi pecho cada vez que esos pensamientos aparecían y ese nudo en la garganta que te impide comer e incluso respirar.

Por horas pensaba en qué te iba a decir, cómo empezar una conversación sin ser rechazada. 

Finalmente interactuamos, no más de dos o tres frases. ¿Quieres conversar o aún no? Fue lo que decidí escribirte. Me imaginaba hablando por teléfono o videollamada sentada en la misma cama en la que ahora estoy escribiendo. Yo te decía que entiendo tu postura, que me equivoqué y que pondré mi esfuerzo en evitar las situaciones que te hacen sentir mal. Tú me decías que entendías que yo reaccionara así, que el estrés te hace sentirte molesto por todo. Que me amas y quieres que vuelva a la casa porque somos una familia y que aprendemos de nuestros errores.

Pero no, me dijiste "No, todavía no. Solo te diré que te extrañamos. Ven a verlas mañana un rato" se refería a nuestras perritas. Me rechazaste.

Sé que yo decidí irme: quería darte tu espacio, que bajaras las revoluciones conmigo, que te des cuenta de lo importantes que somos el uno para el otro. Y ha sido la decisión más difícil y dolorosa que he tomado. Dejé mi corazón en nuestra casa, contigo y nuestras bebés. Por eso te respondí que no me da el corazón para eso, para ir a la casa, ver a las perritas, verte a ti y luego volver a irme: eso me va a destrozar.

Me siento vacía, me siento a la deriva.

Quiero saber qué piensas, si me extrañas tanto como yo a ti, si crees que me fui feliz con esa decisión.

¿Entiendes que para mí es un sacrificio? Estoy arriesgando todo: quedarme sin ti, porque puede que te des cuenta de que ya no quieres pasar tu vida a mi lado.

Tengo tanto miedo.

domingo, 1 de junio de 2025

Una noche

 Me fui. 

Dejé a mis perras, mi cama, mis ganas, mi paciencia, mi hogar...

Acostada en la cama de la habitación de invitados de mi amiga todo duele. 

Decidí irme porque a pesar de todo el amor que siento por tí no puedo soportar el trato que nos estamos dando. La comunicación se fue a la mierda y ya no podemos conversar sin que te alteres y yo responda mal. 

Decidí irme porque ya no me siento parte de ti. Duele, duele mucho.

Te propuse irme durante algunos días para que tengas el espacio y tiempo para ti, para calmar... Accediste inmediatamente, con la misma rabia que tenías al decirme que es mi culpa. Duele.

Y tengo tanto miedo, tanto que me cuesta respirar ¿Y si no me extrañas? ¿Y si nunca me hablas? ¿Y si crees que yo estoy contenta y feliz por estar sin tí, el amor de mi vida? ¿Y si no era tan real nuestro amor? ¿Y si siempre me he empeñado en qué resulte algo que no es? ¿Y si ... Ya no me amas?

Duele.

Y solo es la primera noche sin tí.


viernes, 10 de enero de 2025

Paciencia

 La mayoría de las veces en que vuelvo a escribir es porque tengo pena. La pena me hace querer decir lo que me pasa, pero no existen muchas personas que quieran solo escuchar, muchas veces se juzga y se dan consejos. Sin embargo, no quiero consejos.

Lucho día a día para ser una persona que gestione sus emociones de la mejor manera. Muchas veces gano, lo logro. He trabajado para ello de diferentes maneras y he tenido mucho avance. 

El tratar de comprender empáticamente a los demás es una tarea difícil, pero muchas veces el cariño, el amor y las ganas de estar bien son los pilares que sostienen el esfuerzo en esta tarea. 

Entender el por qué una persona reacciona de una manera u otra requiere mucha paciencia y autocontrol. Es fácil gritar, llorar, huir, echarle la culpa al otro, reclamar y herir. Toma tiempo y entrenar a tu cerebro el elegir hacer lo difícil: pensar ¿Por qué esta otra persona elige reaccionar de una manera? ¿Por qué esta persona se está dejando llevar tanto por sus emociones? ¿Por qué busca hacerme daño cuando me habla así? Las respuestas a estas preguntas llegan en algún momento: esta persona que tengo a mi lado está intoxicada en cortisol, está en modo alerta. 

Existen situaciones, personas, cosas, que nos generan miedo y alerta, eso hace que nuestro cuerpo libere un químico llamado cortisol que pasa a bloquear una parte importante de nuestro cerebro que se llama corteza prefrontal, que es la encargada de racionalizar. Una persona que está en constante alerta también pasará constantemente bloqueando esta parte tan importante del cerebro y pasará a responder desde lo emocional. De esta manera se hace muy difícil que una persona en este estado se dé cuenta de lo que dice o hace y qué está mal en su actuar. 

La mayoría del año conviví con alguien así, en un modo constante de alerta que derivó en estrés. Una persona estresada puede llegar a ser muy intolerante. Puede incluso molestarle cualquier palabra o frase que sale de la boca de los demás. Lo triste de esto es cuando solo una persona es el foco de esa intolerancia, solo una persona recibe toda la mierda que sale por la boca de quien está estresado. 

Yo entendí de manera empática todo el año este comportamiento, pero ya no me queda la paciencia suficiente para hacerlo. Mi paciencia en particular viene del amor, de hecho creo que en general viene del amor: el amor por tu trabajo o lo que haces te ayuda a ser paciente con tus compañeros o público, el amor por tu familia te hace ser paciente con ellos y el amor por tu pareja cultiva la paciencia que llegas a tener con esa persona.

No sé si la paciencia es infinita, debe acabarse en algún momento. Y quizás el miedo a que se acabe el amor y, por consiguiente la paciencia, me haga ser más paciente aún. Se lee como un trabalenguas, de hecho en mi cabeza se entiende lo que quiero decir, pero como escribo siempre con pena, no me doy cuenta si es coherente mi discurso.

Me canso, el ser paciente es agotador.