La mayoría de las veces en que vuelvo a escribir es porque tengo pena. La pena me hace querer decir lo que me pasa, pero no existen muchas personas que quieran solo escuchar, muchas veces se juzga y se dan consejos. Sin embargo, no quiero consejos.
Lucho día a día para ser una persona que gestione sus emociones de la mejor manera. Muchas veces gano, lo logro. He trabajado para ello de diferentes maneras y he tenido mucho avance.
El tratar de comprender empáticamente a los demás es una tarea difícil, pero muchas veces el cariño, el amor y las ganas de estar bien son los pilares que sostienen el esfuerzo en esta tarea.
Entender el por qué una persona reacciona de una manera u otra requiere mucha paciencia y autocontrol. Es fácil gritar, llorar, huir, echarle la culpa al otro, reclamar y herir. Toma tiempo y entrenar a tu cerebro el elegir hacer lo difícil: pensar ¿Por qué esta otra persona elige reaccionar de una manera? ¿Por qué esta persona se está dejando llevar tanto por sus emociones? ¿Por qué busca hacerme daño cuando me habla así? Las respuestas a estas preguntas llegan en algún momento: esta persona que tengo a mi lado está intoxicada en cortisol, está en modo alerta.
Existen situaciones, personas, cosas, que nos generan miedo y alerta, eso hace que nuestro cuerpo libere un químico llamado cortisol que pasa a bloquear una parte importante de nuestro cerebro que se llama corteza prefrontal, que es la encargada de racionalizar. Una persona que está en constante alerta también pasará constantemente bloqueando esta parte tan importante del cerebro y pasará a responder desde lo emocional. De esta manera se hace muy difícil que una persona en este estado se dé cuenta de lo que dice o hace y qué está mal en su actuar.
La mayoría del año conviví con alguien así, en un modo constante de alerta que derivó en estrés. Una persona estresada puede llegar a ser muy intolerante. Puede incluso molestarle cualquier palabra o frase que sale de la boca de los demás. Lo triste de esto es cuando solo una persona es el foco de esa intolerancia, solo una persona recibe toda la mierda que sale por la boca de quien está estresado.
Yo entendí de manera empática todo el año este comportamiento, pero ya no me queda la paciencia suficiente para hacerlo. Mi paciencia en particular viene del amor, de hecho creo que en general viene del amor: el amor por tu trabajo o lo que haces te ayuda a ser paciente con tus compañeros o público, el amor por tu familia te hace ser paciente con ellos y el amor por tu pareja cultiva la paciencia que llegas a tener con esa persona.
No sé si la paciencia es infinita, debe acabarse en algún momento. Y quizás el miedo a que se acabe el amor y, por consiguiente la paciencia, me haga ser más paciente aún. Se lee como un trabalenguas, de hecho en mi cabeza se entiende lo que quiero decir, pero como escribo siempre con pena, no me doy cuenta si es coherente mi discurso.
Me canso, el ser paciente es agotador.
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